lunes, 16 de enero de 2012

Gotas amargas


Prescriben los facultativos,
cuando el estómago se estraga,
al paciente, pobre dispéptico,
dieta sin grasas.

Le prohíben las cosas dulces,
le aconsejan la carne asada
le hacen tomar como tónico
gotas amargas.

Pobre estómago literario
que lo trivial fatiga y cansa,
no sigas leyendo poemas
llenos de lágrimas!

Deja las comidas que llenan,
historias, leyendas y dramas
y todas las sensiblerías
semi-románticas.

Y para completar el régimen
que fortifica y que levanta,
ensaya una dosis de estas
gotas amargas.

José Asunción Silva

viernes, 30 de diciembre de 2011

Final de Año

Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
... que convoca un lapso que muere
y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.

La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil.

Jorge Luis Borges

viernes, 23 de diciembre de 2011

De Rayuela, capítulo 3

Salir, hacer, poner al día, no eran cosas que ayudaran a dormirse. Poner al día, vaya expresión. Hacer. Hacer algo, hacer el bien, hacer pis, hacer tiempo, la acción en todas sus barajas. Pero detrás de toda acción había una protesta, porque todo hacer significaba salir de para llegar a, o mover algo para que estuviera aquí y no allí, o entrar en esa casa en vez de no entrar o entrar en la de al lado, es decir que en todo acto había la admisión de una carencia, de algo no hecho todavía y que era posible hacer, la protesta tácita frente a la continua evidencia de la falta, de la merma, de la parvedad del presente. Creer que la acción podía colmar, o que la suma de las acciones podía realmente equivaler a una vida digna de este nombre, era una ilusión de moralista. Valía más renunciar, porque la renuncia a la acción era la protesta misma y no su máscara. Oliveira encendió otro cigarrillo, y su mínimo hacer lo obligó a sonreírse irónicamente y a tomarse el pelo en el acto mismo. Poco le importaban los análisis superficiales, casi siempre viciados por la distracción y las trampas filológicas. Lo único cierto era el peso en la boca del estómago, la sospecha física de que algo no andaba bien, de que casi nunca había andado bien. No era ni siquiera un problema, sino haberse negado desde temprano a las mentiras colectivas o a la soledad rencorosa del que se pone a estudiar los isótopos radiactivos o la presidencia de Bartolomé Mitre. Si algo había elegido desde joven era no defenderse mediante la rápida y ansiosa acumulación de una «cultura», truco por excelencia de la clase media argentina para hurtar el cuerpo a la realidad nacional y a cualquier otra, y creerse a salvo del vacío que la rodeaba. Tal vez gracias a esa especie de fiaca sistemática, como la definía su camarada Traveler, se había librado de ingresar en ese orden fariseo (en el que militaban muchos amigos suyos, en general de buena fe porque la cosa era posible, había ejemplos), que esquivaba el fondo de los problemas mediante una especialización de cualquier orden, cuyo ejercicio confería irónicamente las más altas ejecutorias de argentinidad. Por lo demás le parecía tramposo y fácil mezclar problemas históricos como el ser argentino o esquimal, con problemas como el de la acción o la renuncia. Había vivido lo suficiente para sospechar eso que, pegado a las narices de cualquiera, se le escapa con la mayor frecuencia: el peso del sujeto en la noción del objeto. La Maga era de las pocas que no olvidaban jamás que la cara de un tipo influía siempre en la idea que pudiera hacerse del comunismo o la civilización cretomicénica, y que la forma de sus manos estaba presente en lo que su dueño pudiera sentir frente a Ghirlandaio o Dostoievski. Por eso Oliveira tendía a admitir que su grupo sanguíneo, el hecho de haber pasado la infancia rodeado de tíos majestuosos, unos amores contrariados en la adolescencia y una facilidad para la astenia podían ser factores de primer orden en su cosmovisión. Era clase media, era porteño, era colegio nacional, y esas cosas no se arreglan así nomás. Lo malo estaba en que a fuerza de temer la excesiva localización de los puntos de vista, había terminado por pesar y hasta aceptar demasiado el sí y el no de todo, a mirar desde el fiel los platillos de la balanza. En París todo le era Buenos Aires y viceversa; en lo más ahincado del amor padecía y acataba la pérdida y el olvido. Actitud perniciosamente cómoda y hasta fácil a poco que se volviera un reflejo y una técnica; la lucidez terrible del paralítico, la ceguera del atleta perfectamente estúpido. Se empieza a andar por la vida con el paso pachorriento del filósofo y del clochard, reduciendo cada vez más los gestos vitales al mero instinto de conservación, al ejercicio de una conciencia más atenta a no dejarse engañar que a aprehender la verdad. Quietismo laico, ataraxia moderada, atenta desatención. Lo importante para Oliveira era asistir sin desmayo al espectáculo de esa parcelación Tupac-Amarú, no incurrir en el pobre egocentrismo (criollicentrismo, suburcentrismo, cultucentrismo, folklocentrismo) que cotidianamente se proclamaba en torno a él bajo todas las formas posibles. A los diez años, una tarde de tíos y pontificantes homilías históricopolíticas a la sombra de unos paraísos, había manifestado tímidamente su primera reacción contra el tan hispanoitaloargentino «¡Se lo digo yo!», acompañado de un puñetazo rotundo que debía servir de ratificación iracunda. Glielo dico io! ¡Se lo digo yo, carajo! Ese yo, había alcanzado a pensar Oliveira, ¿qué valor probatorio tenía? El yo de los grandes, ¿qué omnisciencia conjugaba? A los quince años se había enterado del «sólo sé que no sé nada»; la cicuta concomitante le había parecido inevitable, no se desafía a la gente en esa forma, se lo digo yo. Más tarde le hizo gracia comprobar cómo en las formas superiores de cultura el peso de las autoridades y las influencias, la confianza que dan las buenas lecturas y la inteligencia, producían también su «se lo digo yo» finamente disimulado, incluso para el que lo profería: ahora se sucedían los «siempre he creído», «si de algo estoy seguro», «es evidente que», casi nunca compensados por una apreciación desapasionada del punto de vista opuesto. Como si la especie velara en el individuo para no dejarlo avanzar demasiado por el camino de la tolerancia, la duda inteligente, el vaivén sentimental. En un punto dado nacía el callo, la esclerosis, la definición: o negro o blanco, radical o conservador, homosexual o heterosexual, figurativo o abstracto, San Lorenzo o Boca Juniors, carne o verduras, los negocios o la poesía. Y estaba bien, porque la especie no podía fiarse de tipos como Oliveira; la carta de su hermano era exactamente la expresión de esa repulsa.

martes, 4 de octubre de 2011

No importa



No importa si te querés ir
No importa si estás
No importa si querés venir
No importa si vas

No importa la televisión
No importa la actriz
No importa la prostitución
No me importa a mí

Estamos juntos y en la prisión
No hay forma de salir
El mundo es un patio de prisión
¿a donde querés ir?

No importa la revolución
No importa Chopin
No importa lo que digas vos
No me importa él

Estamos juntos en la prisión
No hay forma de salir
El mundo es un patio de prisión
¿a donde querés ir?

No importa si te quieres ir
No importa si estás
No importa si querés venir
No me importa más

Estamos juntos, estamos juntos...
Estamos juntos en la prisión...

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Un poco de música para disfrutar la rabia.

domingo, 2 de octubre de 2011

Rondeles XVI

Amor, deliciosa mentira,
áspero amor, retórna, vén!
Tu pena es el único bien,
amor, deliciosa mentira...  


Mi corazón, ebrio, delira!
Mi corazón... tómalo!, tén!...
Amor, deliciosa mentira,
áspero amor, retórna, vén!


León de Grëiff 1923

viernes, 30 de septiembre de 2011

Si por el vicio me dejas




Si por el vicio, si por el vicio me dejas.
No se te olvide poner entre tus triques
los dos tomos de María Moliner
para que entiendas que el vacío no es tu ausencia
y que silvestre no es lo mismo que revueltas
vivir conmigo no es peor que estar contigo
pero te conozco mosco tanto que te desconozco.
No va más, no va más... 
Duermo sola, yo y mis huesos
duermo deteniendo el techo.
Si por el vicio, si por el vicio me dejas...
Toma tu horóscopo chino, tu tarot
tus lentejuelas, tu pijama y el I Ching,
para que ya no se te enreden las enaguas,
llegó el momento de cruzar las grandes aguas
yo ya no sé si fuiste tú, si fué el amor,
para el amor nunca hay razón
No va más, no va más.
Duermo sola yo y mis huesos
duermo deteniendo el techo...
Si por el vicio, si por el vicio me dejas...
Por lo que fué: brindaremos,
voy al súper y tú cierras la llavecita del gas,
dejame escrito algún adiós una receta
cuando regrese no te quiero ver la jeta
Será el olvido como un dulce de chayote
será cruel, no habrá reproche,
si te largas pero ya!

Liliana Felipe

sábado, 10 de septiembre de 2011

Esta mujer es una urna...

Esta mujer es una urna
llena de místico perfume,
como Annabel, como Ulalume...

Esta mujer es una urna.

Y para mi alma taciturna
por el dolor que la consume,
esta mujer es una urna
llena de místico perfume...!

León de Grëiff

lunes, 5 de septiembre de 2011

Las mejores palabras de amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

Jaime Sabines.
___
Es tan innecesario que yo te quiera. 

domingo, 28 de agosto de 2011

Así, sin pensar, tengo la tierra y el cielo

Acho tão natural que não se pense
Que me ponho a rir às vezes, sozinho,
Não sei bem de quê, mas é de qualquer cousa
Que tem que ver com haver gente que pensa ...
Que pensará o meu muro da minha sombra?
Pergunto-me às vezes isto até dar por mim
A perguntar-me cousas. . .
E então desagrado-me, e incomodo-me
Como se desse por mim com um pé dormente. . .


Que pensará isto de aquilo?
Nada pensa nada.
Terá a terra consciência das pedras e plantas que tem?
Se ela a tiver, que a tenha...
Que me importa isso a mim?
Se eu pensasse nessas cousas,
Deixaria de ver as árvores e as plantas
E deixava de ver a Terra,
Para ver só os meus pensamentos ...
Entristecia e ficava às escuras.
E assim, sem pensar tenho a Terra e o Céu.


Alberto Caeiro - O guardador de rebanhos...


Me parece tan natural que no se piense
que me pongo a reír a veces, solo,
no sé bien de qué, pero es de cualquier cosa
que tiene que ver con que exista gente que piensa.
¿Qué pensará mi muro de mi sombra?
Me pregunto esto hasta llegar a mí,
a preguntarme cosas...
y entonces me desagrado y me incomodo,
como si esto fuera para mí tener un pie entumecido.


¿Qué pensará esto de aquello?
Nada piensa nada.
¿Tendrá la tierra consciencia de las piedras y plantas que tiene?
Si la tuviera, que la tenga...
¿Qué me importa eso a mí?
Si yo pensase en esas cosas 
dejaría de ver los árboles y las plantas
y dejaría de ver la tierra, 
para ver sólo mis pensamientos.
Entristecería y quedaría a oscuras.
Y así, sin pensar, tengo la tierra y el cielo.

lunes, 4 de julio de 2011

Desordenando todo, dejando hablar al corazón



Todo lo que tengo
lo llevo a todas partes
y aunque no estés conmigo
no voy a mirar atrás.

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A veces me ocurre que siento que no soy yo el que ha actuado o dicho las cosas que hago o digo, como si algún fantasma de mi interior se apoderara de mí y tomara el control de mi palabra y mi voluntad. Cuando me siento actuar de esa forma pienso que tal vez soy yo el fantasma que usurpa la identidad de ese otro que habla, de ese otro que hace las cosas, y pienso que debería abandonar este cuerpo ya y dejarlo que viva su vida.

domingo, 3 de julio de 2011

Highway to hell


ACDC.-.Highway.To.Hell por DARKBENZIN

Yo todavía estoy buscando mi autopista al infierno...

sábado, 25 de junio de 2011

Estamos perdidos, que bueno está



Si te enamoras no te abandones
ni dejes de lado tu libertad;
entre las flores surgen montañas
y entre los barcos navega el mar.

Así quieres verlo si te enamoras
y dejas al viento tu libertad;
invoco en palabras alguna lluvia,
se aleja por siempre la humanidad.

Alud en tu cuerpo, salud al pasado,
hoy se abre la tierra nos quiere tragar;
el ritmo envasado, sequías de afecto,
la música nueva no ha de llegar.

Resiste al presente con tu guirnalda,
insiste en la búsqueda de un color;
no hay predestinados y olvido en la risa,
estamos perdidos, qué bueno está.

Pasáme las piernas, cuidá la cintura,
no veo en tu figura ningún final.
El aire en Mendoza fumando tranquilo,
ya sale otro micro hacia Tucumán.

No han sido los años, fueron nuestras manos
quienes descuidaron al niño humanidad;
si me demoro no te abandono
y si no regreso conmigo estás igual.

Ya nos besamos y eso es eterno,
cuando lo veas te asustarás;
si te enamoras no te abandones
ni dejes de lado tu libertad.

___
Una canción medio jipi, pero conviene aprenderse lo que dice, y procurar no olvidarlo, especialmente 'cuando llegue el amor y te calcine', como dice el poema de Darío Jaramillo... porque primero está tu soledad, y con junto con ella, tu libertad.

martes, 14 de junio de 2011

Adivinaré lo que piensas



Dejaré que la lluvia me moje,
poco a poco, eso no importa.
Dejaré que la lluvia me moje
poco a poco, poco a poco.

domingo, 12 de junio de 2011

Esa tiniebla eres tú

Darío Jaramillo Agudelo, Santa Rosa de Osos, 1947
Primero está la soledad.
En las entrañas y en el centro del alma:
ésta es la esencia, el dato básico, la única certeza;
que solamente tu respiración te acompaña,
que siempre bailarás con tu sombra, 
que esa tiniebla eres tú. 
Tu corazón, ese fruto perplejo, no tiene que agriarse con tu sino solitario; 
déjalo esperar sin esperanza
que el amor es un regalo que algún día llega por sí solo.
Pero primero está la soledad,
y tú estás solo,
tú estás solo con tu pecado original -contigo mismo-.
Acaso una noche, a las nueve, 
aparece el amor y todo estalla y algo se ilumina dentro de ti,
y te vuelves otro, menos amargo, más dichoso;
pero no olvides, especialmente entonces,
cuando llegue el amor y te calcine, 
que primero y siempre está tu soledad
y luego nada
y después, si ha de llegar, está el amor. 


Darío Jaramillo Agudelo
___
Algo de lo que leí el viernes, mientras iba para Calima, mientras recordaba a alguien a quien me gusta recordar. Es bueno eso de leer en movimiento, así se arruinen un poco los ojos. También es bueno recordar, descubrir, que existen poetas como Darío Jaramillo Agudielo, que te conocen de toda la vida, sin haber cruzado palabra con ellos. 

sábado, 11 de junio de 2011

Gusanear, del verbo tragar mucha agua



En mitad del Lago Calima, ayer, en un paseo con el Colegio. Fue un día bastante divertido. Montamos en la lancha de una estudiante, que tiene finca por allá, lancha y gusanito; nos varamos por gasolina y tocó inyectarla así desde un galón de reserva que siempre carga la lancha, como se ve en la foto, al fondo; luego montamos en el gusanito, que es un flotador grandísimo, de lona, en el que uno se monta y que es remolcado por la lancha a velocidaes supersónicas: la idea es no dejarse caer, pero siempre hay un momento en que el gusanito se da vuelta y sale uno volando por el aire o se revuelca en el lago, además la niña que manejaba la lancha está loca y nos hacía tomar unas curvas super maldadosas. Luego de tres gusaniadas dije no más y mejor manejé yo la lancha para que la estudiante se montara en su gusanito, y me desquité. En fin, fue un día bastante divertido, y con emociones fuertes. Creo que volveré al Calima Lake pronto.