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lunes, 9 de agosto de 2010

para decir adios me sobran los motivos


Este adiós, no maquilla un "hasta luego",
este nunca, no esconde un "ojalá",
estas cenizas, no juegan con fuego,
este ciego, no mira para atrás.

Este notario firma lo que escribo,
esta letra no la protestaré,
ahórrate el acuse de recibo
estas vísperas, son las de después.

A este ruido, tan huérfano de padre
no voy a permitirle que taladre
un corazón, podrido de latir
este pez ya no muere por tu boca
este loco se va con otra loca
estos ojos no lloran más por ti.

Joaquín Sabina, nos sobran los motivos.


Este post cierra la etiqueta duelo, ya no se hablará más de eso aquí. Alguien más ha salido de mi vida para siempre.

lunes, 26 de julio de 2010

un bonito día

Hoy tuve un bonito día, aunque completamente improductivo. Es sólo que estuve de buen humor y no me importó la soledad, ni el no tener ya a PrincesaVampira, que respira pero no me mira... que es lo que siempre me jode las ganas de cualqueir cosa. Tampoco importó no tener alguna especie de objeto/referente femenino en quién concentrar esas energías de la emotividad que han quedado libres luego de amar tan profundamente a esa mujer.

No sentir nada por ninguna chica nueva, no estar jodido por la que se fue hace rato.

Como quien dice, estar contento solito y mantener el buen ánimo. Ojalá dure la cosa. Vamos a ver. Seguramente esto no importa mucho, pero hay que registrarlo de alguna manera, para que no se me olvide. Espero que vengan muchos días como hoy. Hace mucho tiempo no me sentía así.

sábado, 10 de julio de 2010

y si robara una pintura...


Horizontes - Francisco Antonio Caro.

Es la pintura más maravillosa que se ha hecho en la historia para quien para mí es el ser más maravilloso que ha parido este mundo. De adolescente iba al Museo de Antioquia y se pasaba horas mirándola. Hay allí mucho de lo que ella ha soñado, deseado, inventado, padecido. Mientras me hablaba de eso, de todo eso, yo sólo acertaba a decir tonterías... y entre tantas, dije que robaría ese cuadro como Thomas Crown, para regalárselo.

Hoy confieso que quiero robar esa pintura como Thomas Crown en la película... a manera de juego, y regalárselo para que lo devuelva o haga lo que quiera con él, aunque seguramente eso ya no me va a devolver el amor de ella.

¿Alguien sabe dónde consigo un sombrero hongo?

tal vez un largo viaje...



Dos jornadas de viaje alejan al hombre -y con mucha más razón al joven cuyas débiles raíces no han profundizado aún en la existencia- de su universo cotidiano, de todo lo que él consideraba sus deberes, intereses, preocupaciones y esperanzas; le alejan infinitamente más de lo que pudo imaginar en el coche que le conducía a la estación. El espacio que, girando y huyendo, se intermpone entre él y su punto de procedencia, desarrolla fuerzas que se cree reservadas al tiempo. Hora tras hora, el espacio determina transformaciones interiores muy semejantes a las que provoca el tiempo, pero de alguna manera las supera. Igual que éste, crea el olvido; pero lo hace desprendiendo a la persona humana de sus contingencias para transportarla a un estado de libertad inicial; incluso del pedante y el burgués hace, de un solo golpe, una especie de vagabundo. El tiempo, según se dice, es el Leteo. Pero el aire de las lejanías es un brebaje semejante, y si su efecto es menos radical, es en cambio mucho más rápido.

Thomas Mann, fragmento de La montaña mágica

(Ya que tengo premura por dejar de sentir ciertas cosas, y no quiero esperar, un viajecito me vendría de maravilla. Espero que las circunstancias conspiren para viajar a alguna parte en Agosto)

domingo, 27 de junio de 2010

pues si el amor huyó, pues si el amor se fue...


Pues si el amor huyó, pues si el amor se fue...
dejemos al amor y vamos con la pena,
y abracemos la vida con ansiedad serena,
y lloremos un poco por lo que tanto fue...

Pues si el amor huyó, pues si el amor se fue...

Dejemos al amor y vamos con la pena...
Vayamos a Nirvana o al reino de Thulé,
entre brumas de opio y aromas de café,
y abracemos la vida con ansiedad serena!

Y lloremos un poco por lo que tanto fue...
por el amor sencillo, por la amada tan buena,
por la amada tan buena, de manos de azucena...

Corazón mentiroso! si siempre la amaré!


León de Greiff, 1919

viernes, 18 de junio de 2010

Poema 5, canto a mí mismo... Walt Whitman



Creo en tí, alma mía.
Pero el otro que soy, no debe humillarse ante ti ni tú debes humillarte ante él.

Deja las palabras,
la música y el ritmo;
apaga tus discursos
túmbate conmigo en la hierba.
Sólo el arrullo quiero,
el susurro
y las sugestiones de la voz.
¿Te acuerdas de aquella mañana transparente de verano?
Estabas con la cabeza reclinada en mis rodillas y dulcemente te volviste hacia mí,
abriste mi camisa
y me buscaste con la lengua el corazón profundo.
Después te alargaste hasta hundirte en mi barba, te estiraste
Y te adheriste a mí desde la cabeza hasta los pies.

Conocí entonces la paz y la sabiduría que están más allá de las disputas de la tierra.
Y ahora sé que la mano de Dios
es la promesa de mi mano;
que el espíritu de Dios
es hermano de mi espíritu;
que todos los hombres nacidos en el mundo son mis hermanos también
y que todas las mujeres son mis hermanas y mis amigas
¡que un solo germen de la creación es amor!
Infinitas son las hojas erguidas o marchitas del bosque
las hormigas oscuras que se afanan debajo de las hojas,
las costras musgosas de la cerca,
las piedras amontonadas;
infinito el sauco,
el gordolobo,
la fitolaca.

domingo, 13 de junio de 2010

y aunque quiera olvidar no se me olvida que no puedo olvidarte



Incluso en estos tiempos
veloces como un Cadillac sin frenos,
todos los días tienen un minuto
en que cierro los ojos y disfruto
echándote de menos.

Incluso en estos tiempos
en los que soy feliz de otra manera,
todos los días tienen ese instante
en que me jugaría la primavera
por tenerte delante.

Incluso en estos tiempos
de volver a reír con los amigos,
todos los días tienen ese rato
en el que respirar es un ingrato
deber para conmigo.

Y se iría el dolor mucho más lejos
si no estuvieras dentro de mi alma,
si no te parecieras al fantasma
que vive en los espejos.

Incluso en estos tiempos
triviales como un baile de disfraces,
todos los días tienen unas horas
para gritar al filo de la aurora,
la falta que me haces.

Incluso en estos tiempos
de aprender a vivir sin esperarte,
todos los días tengo recaídas
y aunque quiera olvidar no se me olvida
que no puedo olvidarte.

Joaquín Sabina.

domingo, 30 de mayo de 2010

método del no-discurso



La lenta máquina del desamor
los engranajes del reflujo
los cuerpos que abandonan las almohadas
las sábanas los besos


y de pie ante el espejo interrogándose
cada uno a sí mismo
ya no mirándose entre ellos
ya no desnudos para el otro
ya no te amo,
mi amor.


Billet Doux

Ayer he recibido una carta sobremanera.
Dice que «lo peor es la intolerable, la continua». Y es para
llorar, porque nos queremos, pero ahora se ve que el amor
iba adelante, con las manos gentilmente
para ocultar la hueca suma de nuestros
pronombres.
En un papel demasiado.
En fin, en fin.
Tendré que contestarte, dulcísima penumbra, y decirte: Bue-
nos Aires, cuatro de noviembre de mil novecientos cin-
cuenta. Así es el tiempo, la muesca de la luna presa en los
almanaques, cuatro de.
Y se necesitaba tan poco para organizar el día en su justo
paso, la flor en su exacto linde, el encuentro en la precisa.
Ahora bien, lo que se necesitaba.
Sigue a la vuelta como una moneda, una
alfombra, un irse.
(No se culpe a nadie de mi vida.)



Quizá la más querida.

Me diste la intemperie,
la leve sombra de tu mano
pasando por mi cara.
Me diste el frío, la distancia
el amargo café de medianoche
entre mesas vacías.

Siempre empezó a llover
en mitad de la película,
la flor que te llevé tenía
una araña esperando entre los pétalos.

Creo que lo sabías
y que favoreciste la desgracia.
Siempre olvidé el paraguas
antes de ir a buscarte,
el restaurante estaba lleno
y voceaban la guerra en las esquinas.

Fui una letra de tango
para tu indiferente melodía.



Java

C'est la java de celui qui s'en va-

Nos quedaremos solos y será ya de noche.
Nos quedaremos solos mi almohada y mi silencio
y estará la ventana mirando inútilmente
los barcos y los puetes que enhebran sus agujas.

Yo diré: Ya es muy tarde.
No me contestarán ni mis guantes ni el peine,
solamente tu olor, tu perfume olvidado
como una carta puesta boca abajo en la mesa.

Morderé una manzana fumaré un cigarrillo
viendo bajar los cuernos de la noche medusa
su vasto caracol forrado en terciopelo.

Y diré: Ya es de noche
y estaremos de acuerdo, oh muelbes oh ceniza
con el organillero que remonta en la esquina
los tristes esqueletos de un pez y una amapola.

C'est la java
................de celui
.......................... qui s'en va-

Es justo, corazón, la canta el que se queda,
la canta el que se queda para cuidar la casa.

***

Julio Cortázar - Salvo el crepúsculo

sábado, 29 de mayo de 2010

la teoría del agujero negro

Fue aquella noche, la noche que llevé al señor Crutchfield a su casa, y mientras volvía a la nuestra, que desarrollé la teoría del agujero negro, una teoría que me ayudó inconmensurablemente en el asunto de conducir borrachos de un lado a otro de La Punta. La idea era esta: a cierta edad aparece un agujero negro en todo el centro de la vida de una persona, un agujero que succiona todas las cosas, y la persona sabe que en adelante y para siempre el agujero estará allí, y sin embargo sigue adelante con su vida, sigue esforzándose, haciendo dinero, y tiene hijos, y se emborracha, y hace de cuenta que el agujero negro no está allí y jamás mira directamente en su interior, si es que puede encontrar la manera de no hacerlo. Me imaginaba que ese agujero negro existía en un punto justo detrás de cada cual y también justo enfrente, de tal manera que siempre se está dejando atrás y entrando en él simultáneamente. La cuestión espacial todavía no la había desarrollado en detalle, pero eso era lo que me imaginaba. Algunas veces el agujero no era más que un pequeño pinchazo en la mente, a menudo era muy vasto. Con frecuencia era algo que fluctuaba palpitando como corazón, y cuando la persona se emborrachaba, pensando que así podría eludirlo, lo único que hacía era notarlo más. De todos modos cuando hice el descubrimiento, a la manera de un astrónomo que escruta el universo, pensé que ya tenía la clave, y entonces establecí como norma propia no permitir jamás que ninguno de mis borrachos pensara demasiado y se fuera hacia atrás –o hacia delante- y cayera en el agujero negro. Nos vamos a casa, les decía… lo único que hay que hacer es llegar a casa.

"La Punta", relato del cuentista norteamericano Charles D'Ambrosio.

la costa de sotravento


En un capítulo anterior se ha hablado de un tal Bulkington, un marinero alto, recién desembarcado, a quien conocí en el mesón de New Beldford.

Pues bien: mientras el Pequod se lanzaba a cortar con su denodada proa las frías y malignas olas, en aquella estremecedora noche de invierno, ¿a quién diríais que me encontré al timón? ¡Al propio Bulkington! Contemplé con respetuoso temor y simpatía a aquél hombre que, en el rigor del invierno, y apenas desembarcado de un peligroso viaje de cuatro años, se lanzaba sin descansar de aquel modo, a otra borrascosa travesía. Parecía como si la tierra le quemase los pies. Las cosas más maravillosas son siempre aquellas que no pueden expresarse, los recuerdos más sentidos no dejan epitafios. Este capítulo brevísimo constituye la tumba sin lápida de Bulkington. Permitidme decir que corrió la suerte del barco en la galerna, mortalmente impulsado sobre la costa de sotravento. Piadoso, quisiera el puerto acogerle. En él se encuentra la salvación, comodidades, chimenea, cena, mantas abrigadas, amigos, todo aquello en que se complace nuestra naturaleza mortal. Pero en aquella galerna el puerto, la costa, constituyen el principal riesgo para el buque. Ha de huír de toda hospitalidad, un ligero contacto con tierra, con solo rozar la quilla, la haría estremecerse enteramente. Tiene que desplegar todas sus velas, esforzarse al máximo por alejarse de la costa. Luchando de esta suerte contra los propios vientos que quisieran impulsarle a tierra, buscando el mar ilimitado, abierto, pues su salvación estriba únicamente en lanzarse de modo desesperado al peligro, que es su único amigo y su más acerbo enemigo.

¿Conocéis ahora a Bulkington? Parecéis observar atisbos de esa verdad mortalmente insoportable: todo pensamiento angustiado y profundo no refleja sino el intrépido esfuerzo de un alma para mantener la libre independencia de sus mares, mientras los vientos coaligados del cielo y de la tierra conspiran para arrojarla a la playa falaz y esclavizadora.

Más como únicamente en este destierro reside la más elevada verdad, sin horizontes, indefinida, como Dios, resulta mejor perecer en este rugiente infinito que vivir reprimido en la tierra, aunque esta suponga la seguridad. ¡Quede esta para las criaturas con rasgos de gusanos que, temerosas, prefieren reptar sobre la tierra!, ¡terror de los terrores! ¿Será vana toda esta agonía? ¡Arriba el corazón Bulkington! De la espuma de tu muerte en el seno del Oceano surge, hacia las nubes, tu apoteosis.


Capítulo XXIII de Moby Dick, o la ballena blanca, de Herman Melville

miércoles, 26 de mayo de 2010

a quien tanto he querido - manolo garcía



no quiero tu amor,
ni escuchar tu voz, ni vivir por ti.
no quiero tu amor
porque, cuanto más te alejas,
más libre me siento.

de ti ya nada espero,
que el camino acaba aquí.
ya no soy ni canción ni sueño.
ya no estás,
ya no siento el zarpazo de tu silencio.

hoy es como si todo
hubiese pasado hace tiempo.
te llevas el capote bolero de mis pasiones.
ni me interesa ni lo lamento.

hoy quiero tu amor
y escuchar tu voz y vivir por ti.
hoy quiero tu amor
porque, cuanto más te alejas,
más triste me siento.

de ti ya nada espero,
que el camino acaba aquí.
ya no soy ni fin ni destino,
ahora sé que acabó
lo que compartimos.

ya olvidé tu voz, tu piel,
aunque llore por ti alguna vez.
mi corazón libre es,
pero siente la pena.

de caricias aéreas
enmarañé tu cuerpo,
- a quien tanto he querido le escribo -
ya no peino tu pelo,
son los dedos del viento.