lunes, 4 de julio de 2011
Desordenando todo, dejando hablar al corazón
Todo lo que tengo
lo llevo a todas partes
y aunque no estés conmigo
no voy a mirar atrás.
___
A veces me ocurre que siento que no soy yo el que ha actuado o dicho las cosas que hago o digo, como si algún fantasma de mi interior se apoderara de mí y tomara el control de mi palabra y mi voluntad. Cuando me siento actuar de esa forma pienso que tal vez soy yo el fantasma que usurpa la identidad de ese otro que habla, de ese otro que hace las cosas, y pienso que debería abandonar este cuerpo ya y dejarlo que viva su vida.
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Rosal
domingo, 3 de julio de 2011
sábado, 25 de junio de 2011
Estamos perdidos, que bueno está
Si te enamoras no te abandones
ni dejes de lado tu libertad;
entre las flores surgen montañas
y entre los barcos navega el mar.
Así quieres verlo si te enamoras
y dejas al viento tu libertad;
invoco en palabras alguna lluvia,
se aleja por siempre la humanidad.
Alud en tu cuerpo, salud al pasado,
hoy se abre la tierra nos quiere tragar;
el ritmo envasado, sequías de afecto,
la música nueva no ha de llegar.
Resiste al presente con tu guirnalda,
insiste en la búsqueda de un color;
no hay predestinados y olvido en la risa,
estamos perdidos, qué bueno está.
Pasáme las piernas, cuidá la cintura,
no veo en tu figura ningún final.
El aire en Mendoza fumando tranquilo,
ya sale otro micro hacia Tucumán.
No han sido los años, fueron nuestras manos
quienes descuidaron al niño humanidad;
si me demoro no te abandono
y si no regreso conmigo estás igual.
Ya nos besamos y eso es eterno,
cuando lo veas te asustarás;
si te enamoras no te abandones
ni dejes de lado tu libertad.
___
Una canción medio jipi, pero conviene aprenderse lo que dice, y procurar no olvidarlo, especialmente 'cuando llegue el amor y te calcine', como dice el poema de Darío Jaramillo... porque primero está tu soledad, y con junto con ella, tu libertad.
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Gonzalo Aloras
martes, 14 de junio de 2011
Adivinaré lo que piensas
Dejaré que la lluvia me moje,
poco a poco, eso no importa.
Dejaré que la lluvia me moje
poco a poco, poco a poco.
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domingo, 12 de junio de 2011
Esa tiniebla eres tú
![]() |
| Darío Jaramillo Agudelo, Santa Rosa de Osos, 1947 |
En las entrañas y en el centro del alma:
ésta es la esencia, el dato básico, la única certeza;
que solamente tu respiración te acompaña,
que siempre bailarás con tu sombra,
que esa tiniebla eres tú.
Tu corazón, ese fruto perplejo, no tiene que agriarse con tu sino solitario;
déjalo esperar sin esperanza
que el amor es un regalo que algún día llega por sí solo.
Pero primero está la soledad,
y tú estás solo,
tú estás solo con tu pecado original -contigo mismo-.
Acaso una noche, a las nueve,
aparece el amor y todo estalla y algo se ilumina dentro de ti,
y te vuelves otro, menos amargo, más dichoso;
pero no olvides, especialmente entonces,
cuando llegue el amor y te calcine,
que primero y siempre está tu soledad
y luego nada
y después, si ha de llegar, está el amor.
Darío Jaramillo Agudelo
___
Algo de lo que leí el viernes, mientras iba para Calima, mientras recordaba a alguien a quien me gusta recordar. Es bueno eso de leer en movimiento, así se arruinen un poco los ojos. También es bueno recordar, descubrir, que existen poetas como Darío Jaramillo Agudielo, que te conocen de toda la vida, sin haber cruzado palabra con ellos.
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sábado, 11 de junio de 2011
Gusanear, del verbo tragar mucha agua
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jueves, 9 de junio de 2011
Estructura dramática
Como ella a veces me desbarata el discurso y me deja sin armas, yo tomo venganza desbaratando las películas que le gustan, con la ayuda de mis estudiantes.
miércoles, 8 de junio de 2011
sábado, 4 de junio de 2011
Es-tu-día (con otro acento)
Que trabajos tan hermosos tiene la vida.
Acecha a la maldita de tu abuela, me aconsejo.
Soporta el sol y si es preciso acalámbrate
esperando a que la carcamala duerma
mientras oye novelones de radio
y discute con el malo.
Desátale el fajón de su camisola
y amárrala al mecedor para que ojalá
no se suelte nunca.
Es tu día: jódete!
Quémate las pestañas en la luz de los recuerdos.
Apresúrate a comprar el último libro
de ese viejo poeta que te obsesiona,
y ven rápido a tu escondirijo
a empuñar el bolígrafo y el cigarrillo.
Coloca la jarra de limonada en la mesa.
Corre, ve y dile a la tristeza de antier
cuál era el color exacto del día en que murió tu padre.
Emborráchate de nostalgia,
empieza unverso.
Apúrate pendejo que por ahí, entre tus glándulas,
transita la vejez inerme.
(Raúl Gómez Jattin)
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A veces está bien escuchar imperativos con acento y cambiárselo luego.
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Raúl Gómez Jattin
lunes, 30 de mayo de 2011
Sal con una chica que no lee
(Por Charles Warnke)
Tomado de El Malpensante
Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.
Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.
Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.
Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.
___
Amar a una filóloga ha sido el infierno, y yo he sido feliz en el infierno, aunque al final no haya quedado más que un pequeño, dulce y amoroso odio. Pienso que el que escribió este texto me estuvo espiando durante tres años.
Tomado de El Malpensante
Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.
Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.
Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.
Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.
___
Amar a una filóloga ha sido el infierno, y yo he sido feliz en el infierno, aunque al final no haya quedado más que un pequeño, dulce y amoroso odio. Pienso que el que escribió este texto me estuvo espiando durante tres años.
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domingo, 8 de mayo de 2011
Vamos deixar desse negócio de você viver sem mim.
vamos deixar, mais só se é na versão de Gal costa: http://youtu.be/FNrxaRYbXns
pregúntame lo que quieras, prometo ser sincero aunque no diga la verdad
domingo, 1 de mayo de 2011
yo opino que el amor es un estado mental ¿ ud que opina acerca de ese tema?
El amor es un discurso, tu concepción de él depende de los cruces ideológico-discursivos que te atraviesen la cabeza, de tu historia psíquica, de tu líbido y tus deseos insatisfechos, de los traumas que conserves de la infancia y la adolescencia. Probablemente uno quiera o necesite amar a la madre, buscar una figura paterna, reelaborar la historia que no pudo concretar con una ex... y a eso le llame amor cuando se lo proyecta a cualquier aparecida... más o menos eso es el amor.
pregúntame lo que quieras, prometo ser sincero aunque no diga la verdad
jueves, 28 de abril de 2011
'El amor se produce cuando se acaricia una textura, cuando con las manos o con la boca se relata. La boca acaricia con relatos, provoca texturas aquí o allá. Y en las texturas se puede leer. Pero casi nadie sabe leer'
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miércoles, 20 de abril de 2011
sábado, 16 de abril de 2011
She is a very kinky girl
that girl is pretty wild now
(the girl's a super freak)
the kind of girl you read about
(in new-wave magazine)
that girl is pretty kinky
(the girl's a super freak)
the kind of girl you read about
(in new-wave magazine)
that girl is pretty kinky
(the girl's a super freak)
I really love to taste her
(every time we meet)
she's all right, she's all right
that girl's all right with me, yeah
(she's a super freak, super freak)
she's super-freaky...
Super freak, super freak...
I really love to taste her
(every time we meet)
she's all right, she's all right
that girl's all right with me, yeah
(she's a super freak, super freak)
she's super-freaky...
Super freak, super freak...
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Rick James.
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